miércoles, 24 de octubre de 2012

Gris. 
Gris sucio, gris triste. 
Gris como mis quince.
Como tus caderas,
caderas de cisne.

Gris como tu almohada,
tu risa, tu llanto.
Gris como una lágrima
como al vacío un salto.

Gris como tus ojos,
cuando no suena el timbre.
Como tus cerrojos,
cerrojos de mimbre.


Gris acera, 
gris futuro.
Gris memoria 
del que tuvo,
y no retuvo.



lunes, 18 de octubre de 2010

buenos días, buenas tardes, buenas noches

Algo se abalanzó sobre su cama y comenzó a saltar, despertándola de golpe.

-¡Buenos días, buenos días, buenos días! ¡Despierta, mira que día más bonito hace!
Jinebra escondió la cabeza bajo la almohada, sin querer saber nada de nadie.
-Joder, Dafne para, ¡para ya!
La chica de pelo corto continuaba saltando de un lado a otro de la vieja cama de matrimonio, haciendo que la estructura de hierro chirriara y que el suelo retumbara.
-Va, sal de la cama, ¿sabes que hora es? ¿lo sabes? ¡las cuatro menos cuarto! ¿Has comido? Seguro que no.
Jinebra sacó la cabeza y entreabrió los ojos. Sofía contemplaba la escena desde la puerta de la habitación, sonriendo.
Dafne había abierto la ventana de par en par, y la luz brillante de un cielo sin sol le hirió los ojos.
-Joder, ni siquiera hace un día bonito. ¡Está nublado! Nu-bla-do. ¡Dejadme dormir!
Pero Dafne seguía votando y riendo, como una niña.
-Bueno, tu sabrás... ¿que le digo al tío que tienes esperándote en la cocina?
Funcionó. Jinebra se levantó de un salto y fue directamente hacia allí, desnuda. Pero no era nada raro en ella, verla vestida era algo que se reducía a la calle y a pocas ocasiones más.
A los pocos segundos volvió de la solitaria cocina, odiando a Dafne con todas sus fuerzas.
-Vete a la mierda. ¡Iros a la mierda las dos! No se como coño me convencisteis para que os diera las llaves de mi casa. ¡Dejadme en paz!

Y se volvió a tumbar sobre la cama, boca abajo, tapándose los oídos con las manos.
Dafne miró a Sofía, que asintió desde la puerta con mirada cómplice. Contaron silenciosamente hasta tres, y...se abalanzaron sobre ella.

Gritos, insultos, cosquillas. Al final consiguieron que hasta Jinebra soltara un par de carcajadas, y acabaron despeinadas y cansadas, tiradas encima de la cama.
-Os odio, os odio con todas mis fuerzas. -Jinebra miró el despertador, sin pilas-¿Qué hora decíais que era? Bah, que importa, todo el mundo fuera de mi casa, vámonos a tomar unas cervezas.

domingo, 4 de julio de 2010

Chicas duende que llevan vestidos amarillos y te sonríen con los ojos.

Deslizó sus pies sobre el suelo una vez más, lentamente, sintiendo el frío del mármol en la punta de los dedos. Se dejó caer y dió una voltereta, quedándose sentada con las piernas cruzadas en medio del salón.
Sofía se acercó con una sonrisa, y le dió un beso de esquimal, de esos que tanto le gustaban.
-Eres como una niña pequeña, Daf.
La chica de pelo corto sonrió, y con un salto se levantó del suelo y continuó con su danza sin melodía encima del viejo sofá.
Sofía se quedó arrodillada, observandola con la cabeza ladeada y su lacio pelo pelirrojo acariciándole las rodillas.
Continuaba dando vueltas sobre sí misma con los brazos en alto, dejando que el corto vestido amarillo flotase a su alrededor. Sonreía como lo hacian los niños pequeños, aunque hacía tiempo que Dafne había dejado de ser una niña.
Se estiró en el sofá, rozando con los dedos de los pies a la pequeña bola de pelo negro que se acurrucaba en una esquina.
A Sofía le encantaban sus orejas de duende y su nariz respingona, su pelo castaño despuntado y sus ojos color miel. Pero claro, ella se la habría comido enterita si Dafne la hubiera dejado.
Sofía se quedó mirando el viejo amplificador que sin duda había conocido tiempos mejores, antes de acabar aparcado en el salón de una casa en la que nadie tenia la más remota idea de qué hacer con él. Se levantó, y en silencio se acercó a Dafne, que sonreía con los ojos cerrados.
-Duendecilla, creo que es hora de hacerle una visita a Jinebra.

domingo, 27 de junio de 2010

Jinebra baila desnuda todos los martes a las tres y treinta y tres.

A Jinebra siempre le gustaron las mañanas de diciembre, cuando el frío le hacía esconderse bajo su viejo abrigo rojo hasta las rodillas y siempre acababa con la nariz roja como un tomate. Y los mediodías de marzo, en los que siempre terminaba levantandose demasiado pronto para su gusto por culpa de algún rayito de sol que se colaba entre las rendijas de su persiana. Aunque claro, dificil era encontrar la noche en la que Jinebra, ave nocturna donde las haya, se acostara antes de las cinco y treinta y siete de la mañana.
Por no hablar de las noches de agosto, cuando deambulaba por la ciudad en busca de compañia para pasar la noche, que después despacharía antes de desayunar con una sonrisa en la punta de los dedos.
Pero sobretodo le gustaban las madrugadas de febrero, en las que nunca llega a amanecer del todo y siempre acababa follando en cualquier callejón con el primero que le dedicase mirada y media, con la falda levantada y el frío rozándole los tobillos.

sábado, 26 de junio de 2010

Jin Jin Jinebra

Jinebra es de esas chicas a las que encontrarias en un tugurio a las cuatro y veintisiete de la mañana bebiendo como si lo fueran a prohibir. De esas que huelen a sabanas revueltas y a vicio condensado. Que tienen algo que atrae, como un jodido imán, que hace que no puedas despegar la mirada de sus tremendas curvas o de sus labios color rojo putón.
Por que si una palabra describia a Jinebra, era esa. Un putón de tres al cuarto.