lunes, 18 de octubre de 2010

buenos días, buenas tardes, buenas noches

Algo se abalanzó sobre su cama y comenzó a saltar, despertándola de golpe.

-¡Buenos días, buenos días, buenos días! ¡Despierta, mira que día más bonito hace!
Jinebra escondió la cabeza bajo la almohada, sin querer saber nada de nadie.
-Joder, Dafne para, ¡para ya!
La chica de pelo corto continuaba saltando de un lado a otro de la vieja cama de matrimonio, haciendo que la estructura de hierro chirriara y que el suelo retumbara.
-Va, sal de la cama, ¿sabes que hora es? ¿lo sabes? ¡las cuatro menos cuarto! ¿Has comido? Seguro que no.
Jinebra sacó la cabeza y entreabrió los ojos. Sofía contemplaba la escena desde la puerta de la habitación, sonriendo.
Dafne había abierto la ventana de par en par, y la luz brillante de un cielo sin sol le hirió los ojos.
-Joder, ni siquiera hace un día bonito. ¡Está nublado! Nu-bla-do. ¡Dejadme dormir!
Pero Dafne seguía votando y riendo, como una niña.
-Bueno, tu sabrás... ¿que le digo al tío que tienes esperándote en la cocina?
Funcionó. Jinebra se levantó de un salto y fue directamente hacia allí, desnuda. Pero no era nada raro en ella, verla vestida era algo que se reducía a la calle y a pocas ocasiones más.
A los pocos segundos volvió de la solitaria cocina, odiando a Dafne con todas sus fuerzas.
-Vete a la mierda. ¡Iros a la mierda las dos! No se como coño me convencisteis para que os diera las llaves de mi casa. ¡Dejadme en paz!

Y se volvió a tumbar sobre la cama, boca abajo, tapándose los oídos con las manos.
Dafne miró a Sofía, que asintió desde la puerta con mirada cómplice. Contaron silenciosamente hasta tres, y...se abalanzaron sobre ella.

Gritos, insultos, cosquillas. Al final consiguieron que hasta Jinebra soltara un par de carcajadas, y acabaron despeinadas y cansadas, tiradas encima de la cama.
-Os odio, os odio con todas mis fuerzas. -Jinebra miró el despertador, sin pilas-¿Qué hora decíais que era? Bah, que importa, todo el mundo fuera de mi casa, vámonos a tomar unas cervezas.